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October 5, 2018

 

 

¿Y no tienes miedo? No me había parado a pensarlo. ¿Miedo? No, la verdad es que no lo tengo,le dije a María, mientras salíamos de un Deli con un café en la mano camino del metro en la tercera avenida con la calle 23. Tenía que hacerlo. No tenía dinero y necesitaba sobrevivir. 

 

A la mañana siguiente me presenté en el hotel Hilton de la Sexta Avenida. En el lobby me esperaba Agustín Balaguer. Conocía el nombre porque el día anterior me habían facilitado todos los detalles en el ICEX (Instituto de Comercio Exterior).

 

Una semana antes me habían llamado de esa oficina para preguntarme si me interesaba realizar un trabajo como intérprete. No lo dudé un segundo. Sí, claro que sí. ¿Dónde tengo que ir? ¿Cuántome pagan?  Lo que no le dije en ningún momento a la señorita que me llamó y que me obsequió con tan generoso trabajo, es que yo por aquellos tiempos, casi no hablada inglés. Sí, nada de nada, “nothing at all”.  Pero no me importó. Ya me las apañaré como sea, pensé. 

 

Y allí estaba yo esa mañana con el señor Balaguer en el lobby del hotel Hilton. Siempre recordaré su cara amable al explicarme que representaba a una firma de tejidos catalanes y que necesitaba una interprete para presentar su empresa a otra muy importante en Nueva York, ya que él no hablaba inglés. Recuerdo que en ese instante me atraganté con el tercer café que sorbía en ese momento y que me devolvió a la realidad de la situación. Joé.... pensé. 

 

En no sé qué planta del edificio de la empresa, nos recibió la secretaria del director y nos llevóa un despacho bastante pequeño. Menos mal, porque si hubiese sido mas grande me hubiese puesto a correr para marcharme. Pero en ese mini despacho no había escapatoria. Agustín se sentó a mi derecha y me dejó cercada. Un sudor frío empezó a recorrerme el cuerpo. A continuación, el buen señor se puso a hablar en castellano (menos mal) y cuando terminó me miró. Y me miró otra vez y miró al director que también me miró. Y yo no se donde miré, pero de repente me puse a hablar. No recuerdo si en ruso, chino o árabe que tampoco hablaba, pero mi lengua dio rienda suelta a palabras que a mí la verdad me sonaban lejanas pero extranjeras. Nunca se me olvidará la cara que puso el director cuando educadamente me dejo terminar. 

 

Luego nos fuimos y yo creo que o que fui muy ingenua o el Sr. Balaguer pensó que habíamos cerrado el negocio de su vida. Le recuerdo con cariño y espero que le hayanido muy bien todos sus negocios.

 

Lo he pasado muy bien recordando esta historia que me ocurrió en Nueva York en 1999 y espero que os haya divertido también a todosvosotros.

 

La intención de esta anécdota es reflexionar sobre lo que el miedo no nos deja hacer.

 

En muchas ocasiones el miedo a arriesgar, a cambiar, a avanzar, nos deja paralizados. Y chicas y chicos: el miedo hay que combatirlo. Combatirlo como podáis, pero combatirlo.

No hay nada más maravilloso que alcanzar las metas, los objetivos, los retos, los sueños. Seguro que son muchos y variados, pero podemos conseguirlos.

 

Eres invencible.

 

 

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